Una historia endiablada en Codiscos

Por Guillermo Romero Salamanca | Cuenta el experimentado promotor y presentador de televisión, Hernán Darío Usquiano que en la década de los ochenta cuando llegaban las negociaciones para el nuevo contrato con El Binomio de Oro

Cuenta el experimentado promotor y presentador de televisión, Hernán Darío Usquiano, que en la década de los ochenta cuando llegaban las negociaciones para el nuevo contrato con El Binomio de Oro, en Codiscos se vivían momentos de tensión. 

“Eran prolongadas reuniones donde participaban Álvaro Arango, director general, Rafael Mejía, director artístico y Fernando López Henao, gerente de promoción, por un lado y por el otro, Rafael Orozco e Israel Romero”, dice.

Sólo la señora de los tintos podía entrar a la oficina del cónclave musical. Por lo general las conversaciones podía durar varios días. Era un tire y afloje entre unos y otros.

Siempre llegaba El Binomio de Oro con la idea de continuar con Codiscos, pero llevaba una carta bajo la manga de alguna conversación con otra disquera.

A mediados de 1985, hacia las tres de la tarde, Rafael Mejía, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con los integrantes de El Binomio, salió de la oficina y le dijo a Clara Tamayo Monsalve: “Consígame un tiquete para Valledupar”.

Él sabía que sólo había un vuelo semanal, desde Medellín, a través de Intercontinental de aviación, los jueves. Viajó a Valledupar, conversó con varios compositores, escuchó a varios cantantes y acordeoneros. Estuvo en varias parrandas cerca de Valledupar oyendo talentos, pidiendo datos, composiciones.
 
Al fin y al cabo, esa era su tarea: escuchar músicos y atinar dónde podría estar el éxito. Así había descubierto a más de 30 figuras de la música.

Los compositores le tarareaban canciones, les pedía que se las grabaran en un casete y se las enviaran a su oficina en Medellín.

El lunes siguiente llegó a la oficina y le dijo a Clarita: “Dígale a Darío Valenzuela que cancele hoy todas las grabaciones que tenga, porque entramos a grabar con un nuevo grupo vallenato”.

Darío, “el brujo de la consola”, a quien se le deben más de 150 grandes éxitos del vallenato, simplemente obedeció. 

Hacia las 10 de la mañana llegaron tímidamente dos nuevos integrantes de la nómina artística de Codiscos. Uno era un acordeonero, rey aficionado ese año del Festival de la Leyenda Vallenata, compositor, alegre y con tan sólo 18 años. Su nombre: Ómar Geles. Lo conocían con el apodo de “El diablito”.

El otro, un cantante fuerte, de 25 años de edad, con alegría y compositor. Se trataba de Miguel Morales.

De inmediato los bautizaron como “Los Diablitos del vallenato”, grabaron un elepé titulado “De verdad, verdad”.

“Esos muchachos llegaron asustados y para todos los miembros de Codiscos eran una verdadera incógnita”, cuenta ahora Hernán Darío.
Rafael Mejía ordenó que se lanzara un sencillo con el tema “Tu”, del eximio compositor Hernando Marín.

Lo grabaron y la meta fue impuesta de inmediata. Había que convertir en un éxito nacional “Tu”.
Tarea encabezada por Fernando López Henao, desde Medellín. Con el equipo de promoción de Bogotá --Guillermo Muñoz y César García a la cabeza--, en Santiago de Cali, con Daniel Morales, en la costa, con Moisés de la Cruz, en Antioquia con Hernán Darío Usquiano, y las demás regiones, trabajaron sin descanso.

En unas dos semanas los amantes del vallenato tarareaban:
Tú eres como aquella noche que perdí tus besos
Como los tiempos de invierno, sin nube, sin lluvia, sin trueno, sin sol
Tú eres como los desiertos que no tienen nada
Solo arena requemada por años y años de inmenso calor
Tú eres como un mar sin olas, como dice Beto, en momentos de amor
Tú eres como una parranda cuando no hay quien toque un alegre acordeón
Tú, tú, tú
Tú no sabes dar un beso
Tú, tú, tú
Tú no sabes qué es amor
Tú, tú, tú
Tú no sabes dar un beso
Tú, tú, tú
Tú no sabes qué es amor

Era un éxito nacional. Los diablitos ya tenían reconocimiento, ni el que ellos mismos pensaban.
Unos días después recibieron una llamada de El Binomio de Oro, que le decían a Rafael Mejía: “Compadre, ¿cuándo nos reunimos otra vez?”.

El viejo zorro disquero les contestó:

--Cuando quieran.

De ahí en adelante, las conversaciones ya no fueron tan extensas ni tan extenuantes con El Binomio de Oro.

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